Quizás se piense que de tanta prosa y verso que existe sobre magia, ésta ya esté de más. Se terminó por creer que magia empezaba y acababa por aquellos grandes señores de las letras, que con sus plumas a más de alguno hizo soñar con rescatar a una virginal damisela en busca de auxilio, luchar contra un Príncipe Negro, y tal vez simplemente, creer que estás en un sueño, justamente en una noche de verano, donde muchos Pucks vienen hacer de Celestinas por aquellos recónditos lugares de la ciudad cada viernes en la noche cuando vas a la disco a bailar. Muchas veces quizás, esta apestosa urbe se convierte en el bosque encantado por magos oscuros esperando a quién acechar. Sería bueno que te encuentres con un taumaturgo, pídele que te sane si sufres de amor, esa enfermedad que a veces se niega a desaparecer. Si te encuentras con un nigromante, sólo date la vuelta y finge estar borracho, es seguro que después de la medianoche llegues directo al reino de Hades. Y cuidado con Circe, imprudente si le coqueteas, es posible que ni cuenta te des, y ya te haya metamorfoseado ella. Y ciertamente aquí te cuento mi amigo, tu viaje no se termina, ni siquiera dormido en esquinas desgastadas por tu inconveniente porfía. Aún patente está el hechizo de Circe que te hizo un día, para cuando abras los ojos, sentida será tu desdicha. Sabrás que le habrás entregado todos esos años de tu vida, encerrado y echado en la casa, con esa amargada de la María.
Odiseo en Santiago por Abril Gustafsson se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

**
ReplyDelete