Luces y sombras abigarradas por la velocidad y la tenacidad de los rascacielos, tonalidades que se turnan entre la monotonía de las hormigas ambulantes y la ahogante esencia del smog metropolitano. Por algunos segundos en mi mente llevo la imagen de una turba que se dirige hacia los rincones de este apartado mundillo, me hacen recordar las húmedas palabras de Humbert, apestosas de olor a nostalgia y de faltas de ortografía impropias para su edad. ¡Despierta!. Abrí los ojos estrepitosamente, volví a encontrarme en ese andante mirador. No entendía por qué seguíamos parados en el mismo lugar. El tráfico se había vuelto un fiasco, la sinfonía de sirenas había comenzado y una que otra hormiga se agarraba desesperada las antenas. La conciencia volvió a reprenderme por el lugar que Humbert aún ostentaba en algún confín de mi hoy frágil memoria.
Un viento entrometido soplaba por la ventaba a mi lado y obstruía mi respiración. La velocidad hizo desaparecer el cuerpo de las hormigas y ahora eran no más que una mancha oscura. Los pensamientos humbertianos volvieron a mí, ya no revestidos del jazz de antes, sino de la melancólica tonada de la voz de Marianne Faithfull. Placer y dolor vuelven a unirse en esa mezcla única para mis sentidos. Esta vez no tengo cargos de conciencia, soy como una drogodependiente, que está dispuesta a todo por beberse o tragarse hasta el último sufijo de sus versos que hasta el día de ayer me había propuesto. ¡Ingenua! Estaba tan desorientada, el bus ardía por todas las hormigas colgadas en las ventanas, en las escaleras, en los asientos y a mi lado, y aún así, sentía que estaba sola en aquel detestable lugar. La conciencia me habló de nuevo. Ahora sé que no lo merezco, pero tampoco él me merecía. Sin embargo, aquella no vaga necesidad de estar junto a él, de la manera que fuera, era más fuerte que toda la lógica, que toda la mesura existente.
Un viento entrometido soplaba por la ventaba a mi lado y obstruía mi respiración. La velocidad hizo desaparecer el cuerpo de las hormigas y ahora eran no más que una mancha oscura. Los pensamientos humbertianos volvieron a mí, ya no revestidos del jazz de antes, sino de la melancólica tonada de la voz de Marianne Faithfull. Placer y dolor vuelven a unirse en esa mezcla única para mis sentidos. Esta vez no tengo cargos de conciencia, soy como una drogodependiente, que está dispuesta a todo por beberse o tragarse hasta el último sufijo de sus versos que hasta el día de ayer me había propuesto. ¡Ingenua! Estaba tan desorientada, el bus ardía por todas las hormigas colgadas en las ventanas, en las escaleras, en los asientos y a mi lado, y aún así, sentía que estaba sola en aquel detestable lugar. La conciencia me habló de nuevo. Ahora sé que no lo merezco, pero tampoco él me merecía. Sin embargo, aquella no vaga necesidad de estar junto a él, de la manera que fuera, era más fuerte que toda la lógica, que toda la mesura existente.
El otro día le confesé a mi conciencia que él y yo éramos dos seres iguales y opuestos a la vez. Quizás amantes tratando de pisotearse, sin remordimientos, sólo por el placer de ver dominar el uno al otro, dándole eso que quiere, pero que no puede pedir. Me sentí tan imbécil, mi conciencia ya lo sabía tan bien. Me dijo que mientras él se moría cada noche en un bar con alguna mujercita, olvidándose de su condición de pseudo intelectual y de poeta maldito, yo brindaba en mi casa sola con melancólicos pensamientos y consignas en su nombre. La sensación de ese cuerpo femenino de turno en sus manos, entregado y dominado, le libera como yo me libero con mis juegos de hojilla. Parece que la sangre me pide más oxígeno, y sé perfectamente que toda la mierda que haga y cualquier otra a la que me dedique, no borrará de ninguna manera tu macho ego que pretendía sofocar a la hembra insultante que soy. Después de todo, creo que pasamos la vida emborrachándonos con las penas y seguimos siendo los mismos fracasados melancólicos que tratarán de mutilar sus trancas con las sobras de los demás. Conscientes o no, pecamos de ello.
En el bus por Abril Gustafsson se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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